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Crónica de un amor no deseado

jueves, 19 de noviembre de 2020

 El amor se encuentra en cualquier sitio; personas a quienes amar, no.

Yo también me he enamorado. Me he perdido en miradas encantadoras, cautivado con charlas placenteras, e incluso me he envuelto en carcajadas hasta el amanecer.

Inconscientemente nos dejamos cegar por el objeto del deseo. Creyendo (falsamente en la mayoría de los casos) que nuestros destinos están ligados, que nada puede salir mal y, en ocasiones, creemos no ser merecedores de tal perfección. Y de pronto, la nube que nos ha transportado al paraíso se esfuma y caemos en picada, golpeándonos dolorosamente en el duro, frío y deprimente suelo.

Algunos tuvimos la suerte de enamorarnos en la infancia, en mi concepto, uno de los más puros, sin ese constante miedo de perder al ser amado. Solo disfrutamos el momento, la complicidad y el riesgo de mantenerlo en secreto.

Por otro lado, las relaciones en la adolescencia generalmente se tornan confusas. No sabemos exactamente lo que queremos ni lo que esperamos de otra persona. Nuestras mentes se nublan únicamente por la imperiosa necesidad de "desafiar lo prohibido". 

Llegamos a la etapa adulta creyendo ridículamente tener el control y que la "madurez" nos permitirá saber lo que buscamos. Pero no, nos tropezamos una, dos o hasta diez veces con la(s) persona(s) equivocada(s). A veces nos dejamos engañar por caminos rectos hacia un oasis de felicidad, que posteriormente se convierten en carreteras sinuosas y empedradas, aferrándonos a la posibilidad de que tal vez algún día las cosas mejorarán.

De pronto, alguien aparece de la nada, toma tu mano y te entregas ciegamente a sus designios, sólo para darte cuenta demasiado tarde que vas directamente a un precipicio, que te soltará y te abandonará justo en la orilla, donde caerás en picada y te golpearás tan fuerte que pasará mucho tiempo antes de poder recuperarte del dolor y la tristeza.

Hace no mucho caí en ese precipicio. No sabía cómo había permitido que eso sucediera. Dejé que tomara mis ilusiones y las destrozara ante mis ojos. Me abandoné a mí misma en un sendero desconocido confiando torpemente en que él me guiaría. Me dejé embelesar por sus palabras, a pesar de haber vislumbrado previamente lo que me esperaba. Finalmente, un día me dijo que había encontrado a alguien que podía darle lo que yo no y se alejó, exiliándome en la miseria del olvido.

Fue tremendamente doloroso, especialmente porque yo nunca quise enamorarme. El resentimiento por haberme soltado y la vergüenza de haberme entregado en cuerpo y alma embargaron mi corazón. Sentía un  vacío en mi interior, como si la felicidad del mundo hubiese desaparecido, desconectándome por completo de mi entorno. Fue ahí cuando supe que había tocado fondo.

Los minutos se volvieron horas y los días semanas, cuando  entendí que debía recoger los fragmentos regados de mi persona para poder levantarme. Deconstruir para construirme. Poco a poco el sufrimiento comenzó a disminuir, el dolor en el pecho desaparecía y la sonrisa en mi rostro se dibujaba cada vez más grande. Aprendí de mi sufrimiento y lo aproveché para volverme más fuerte.

Nadie está exento de la pericia, sin embargo, debemos tomar las cosas buenas y desechar lo malo para poder avanzar. Volvernos más sabios para no hallarnos nuevamente en el umbral de la miseria. Tal vez a algunos les tome más tiempo que a otros, pero debemos entender que no es el fin del mundo y que seguramente allá afuera nos esperan nuevas y mejores experiencias. Como dijo Tolstói alguna vez: "Todas las felicidades se parecen, pero en cambio los infortunios tienen cada uno
su fisionomía particular". 

Solía pensar que los clásicos literarios exageraban al decir que de amor también se muere y nunca creí que una decepción amorosa pudiese transportarte a la desolación. Sin embargo, puede ser que el amor menos deseado sea el más doloroso y solo me queda decirte que un día todo va a estar bien. Si te encuentras o has atravesado por algo similar, recuerda que nada es para siempre, la tormenta terminará tarde o temprano y el color gris del mundo se desvanecerá. Tal vez el sufrimiento nunca se vaya, pero créeme que se apagará y te permitirá vivir y disfrutar de la vida otra vez.

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