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La teoría pura del Home Office

jueves, 19 de noviembre de 2020

 Es más que obvio que el tema del trabajo en casa no es nuevo, mucho menos en los momentos críticos por los que estamos atravesando. 

Como muchos de ustedes, yo también me encuentro laborando desde la comodidad de mi hogar y, a pesar de lo que cualquiera pueda decirles, no es tarea fácil.

Antes que nada, me gustaría expresar que no me quejo de mi situación, realmente
estoy agradecida por tener un trabajo que me permita gozar y desquitar un sueldo, a diferencia de todas aquellas personas que se encuentran batallando para llevar el sustento a sus hogares y sinceramente deseo que su situación y el panorama cambien lo antes posible. Por lo tanto, creo que esa idea debe ser el eje angular en nuestros pensamientos, antes de dejarnos llevar por el estrés y la ansiedad.

Por otro lado, el home office no es un lecho de rosas. Muchas personas cuyos empleos requieren de su labor presencial,
podrán decirte que no hay razón alguna para quejarse, pues al menos no tienes la necesidad de exponerte al contagio en la calle. Y es verdad.

Sin embargo,
no deja de ser una tarea tediosa. Reconozco que tiene muchas ventajas, como levantarte  cinco minutos antes de que inicie el horario de tu jornada laboral, no tienes que batallar con el tráfico (como es mi caso) ni malgastar una o dos horas de camino hasta tu escritorio godín. Además, tienes más tiempo para convivir con tu familia, desayunar con calma (a veces) y dedicar energía a otras actividades como consentir a tu perrhijo o limpiar ese armario con facha de absorberte y escupirte en Narnia.

Pero como todo, nada es perfecto y en ocasiones puede tornarse difícil llevar dos vidas paralelas: por un lado tu
yo explotado por el régimen capitalista opresor sujeto a las órdenes y llamadas de tu jefe; y por otro ese yo comprometido con la familia que pide su atención, que quisiera que los días duraran cuarenta horas para hacer todo lo que quiere y no tener que dejarlos esperando con la mesa puesta por una junta de último minuto o por contestar un correo antes de las tres de la tarde.

En mi caso particular,
me he visto trabajando hasta las once de la noche, recibiendo correos y llamadas de mi jefe desde las seis de la madrugada (debería ser ilegal, jaja), coexistiendo en silencio con mi esposo en el escritorio compartido (llámese comedor o cama), cocinando mientras respondo correos y adolorida por adoptar postura de camarón. 

Tal vez en una oficina no sería diferente, pero al menos ahí puedes desestrezarte un rato, charlar con otros o simular que vas al baño media hora (o sea ir por un cigarro, jaja!); asimismo,
desde el momento en que abandonas la oficina los problemas desaparecen y al menos hasta el siguiente día, puedes desentenderte de los pendientes.

Mientras que en casa, piensan que estás disponible a toda hora cualquier día de la semana, no puedes salir con libertad porque se supone que tienes ese privilegio para no exponerte; dejas el teléfono quince minutos y ya te están marcando para pedirte más cosas, acabas de apagar la PC y te llega un correo para atender una reunión.

Al menos para mí
ha sido complicado tener lo mejor de dos mundos: por una parte cumplir con mis deberes a tiempo y por otra tener tiempo de calidad para mi familia, cocinar, limpiar, lavar ropa y trastes, pasear a mi perro, además de los hobbies y pasatiempos para los que a veces ya ni tengo energía. No imagino el terror que deben estar viviendo aquellos con hijos pequeños (oremos!)

Ahora bien, no tengo la receta para salir bien librado, pero al menos me gustaría compartir lo que yo hago para sobrevivir:

1. Báñate temprano.
Aunque no te guste, aunque haga frío, aunque lo hagas de nuevo en la noche. Esto te ayudará a despertar y dejar la flojera en la cama, incluso aunque trabajes desde ésta.
2. Busca un lugar.
Neta no te quedes todo el día en la cama. Si no tienes escritorio, cambia de lugar constantemente como el comedor, la sala, el patio, la azotea. No importa, el chiste es moverte, levantarte y principalmente, no distraerse.
3. No te distraigas.
Reitero esto, porque me he visto perdiendo el tiempo en Insta o terminando una serie en Netflix. Recuerda: primero lo que deja y luego lo que apendeja.
4. Administra tus tiempos.
Sí, probablemente habrá días en los que trabajes hasta tarde, pero procura equilibrar todo. Ten una hora para comer, para salir a caminar, para ver una película... recuerda que no todo es trabajar.
5. Deja tiempo, dinero y esfuerzo para tus hobbies.
Sí es difícil, pero no imposible. Haz algo recreativo todos los días y no permitas que el trabajo o el estrés te consuman.
6. Cámbiate la pijama.
A veces da hueva, pero arréglate con ropa cómoda como si fueras a salir.
7. Date un break.
Sal a caminar, a buscar comida, vete al baño o quédate en tu patio o balcón un ratito, Tu mente se relajará y las ideas frescas llegarán.

Son pocos, pero créanme que me han funcionado. a veces me dejo llevar por la tensión y olvido que allá afuera hay un mundo.
Recuerda que nada es para siempre, ni siquiera nuestros problemas, entonces disfruta más, aprovecha y explota todo ese tiempo que no volverá y lo más importante, no te dejes llevar por la ira o la frustración, agradece que tienes trabajo y apoya a aquellos que no.

Crónica de un amor no deseado

 El amor se encuentra en cualquier sitio; personas a quienes amar, no.

Yo también me he enamorado. Me he perdido en miradas encantadoras, cautivado con charlas placenteras, e incluso me he envuelto en carcajadas hasta el amanecer.

Inconscientemente nos dejamos cegar por el objeto del deseo. Creyendo (falsamente en la mayoría de los casos) que nuestros destinos están ligados, que nada puede salir mal y, en ocasiones, creemos no ser merecedores de tal perfección. Y de pronto, la nube que nos ha transportado al paraíso se esfuma y caemos en picada, golpeándonos dolorosamente en el duro, frío y deprimente suelo.

Algunos tuvimos la suerte de enamorarnos en la infancia, en mi concepto, uno de los más puros, sin ese constante miedo de perder al ser amado. Solo disfrutamos el momento, la complicidad y el riesgo de mantenerlo en secreto.

Por otro lado, las relaciones en la adolescencia generalmente se tornan confusas. No sabemos exactamente lo que queremos ni lo que esperamos de otra persona. Nuestras mentes se nublan únicamente por la imperiosa necesidad de "desafiar lo prohibido". 

Llegamos a la etapa adulta creyendo ridículamente tener el control y que la "madurez" nos permitirá saber lo que buscamos. Pero no, nos tropezamos una, dos o hasta diez veces con la(s) persona(s) equivocada(s). A veces nos dejamos engañar por caminos rectos hacia un oasis de felicidad, que posteriormente se convierten en carreteras sinuosas y empedradas, aferrándonos a la posibilidad de que tal vez algún día las cosas mejorarán.

De pronto, alguien aparece de la nada, toma tu mano y te entregas ciegamente a sus designios, sólo para darte cuenta demasiado tarde que vas directamente a un precipicio, que te soltará y te abandonará justo en la orilla, donde caerás en picada y te golpearás tan fuerte que pasará mucho tiempo antes de poder recuperarte del dolor y la tristeza.

Hace no mucho caí en ese precipicio. No sabía cómo había permitido que eso sucediera. Dejé que tomara mis ilusiones y las destrozara ante mis ojos. Me abandoné a mí misma en un sendero desconocido confiando torpemente en que él me guiaría. Me dejé embelesar por sus palabras, a pesar de haber vislumbrado previamente lo que me esperaba. Finalmente, un día me dijo que había encontrado a alguien que podía darle lo que yo no y se alejó, exiliándome en la miseria del olvido.

Fue tremendamente doloroso, especialmente porque yo nunca quise enamorarme. El resentimiento por haberme soltado y la vergüenza de haberme entregado en cuerpo y alma embargaron mi corazón. Sentía un  vacío en mi interior, como si la felicidad del mundo hubiese desaparecido, desconectándome por completo de mi entorno. Fue ahí cuando supe que había tocado fondo.

Los minutos se volvieron horas y los días semanas, cuando  entendí que debía recoger los fragmentos regados de mi persona para poder levantarme. Deconstruir para construirme. Poco a poco el sufrimiento comenzó a disminuir, el dolor en el pecho desaparecía y la sonrisa en mi rostro se dibujaba cada vez más grande. Aprendí de mi sufrimiento y lo aproveché para volverme más fuerte.

Nadie está exento de la pericia, sin embargo, debemos tomar las cosas buenas y desechar lo malo para poder avanzar. Volvernos más sabios para no hallarnos nuevamente en el umbral de la miseria. Tal vez a algunos les tome más tiempo que a otros, pero debemos entender que no es el fin del mundo y que seguramente allá afuera nos esperan nuevas y mejores experiencias. Como dijo Tolstói alguna vez: "Todas las felicidades se parecen, pero en cambio los infortunios tienen cada uno
su fisionomía particular". 

Solía pensar que los clásicos literarios exageraban al decir que de amor también se muere y nunca creí que una decepción amorosa pudiese transportarte a la desolación. Sin embargo, puede ser que el amor menos deseado sea el más doloroso y solo me queda decirte que un día todo va a estar bien. Si te encuentras o has atravesado por algo similar, recuerda que nada es para siempre, la tormenta terminará tarde o temprano y el color gris del mundo se desvanecerá. Tal vez el sufrimiento nunca se vaya, pero créeme que se apagará y te permitirá vivir y disfrutar de la vida otra vez.

La insoportable levedad del ser... Millennial

sábado, 14 de noviembre de 2020



Los inicios siempre son complicados.

Ahora mismo me encuentro iniciando algo que probablemente tenía en mente hace mucho tiempo, pero que nunca creí llevar a cabo.

En una noche otoñal, el ocio y la angustia por el futuro me sumieron en una lucha interna, cuando de pronto las palabras "iniciar un blog" cruzaron por mi mente. Después de unos cuantos tutoriales en YouTube, un par de cigarrillos y analizar la situación detenidamente me atreví a hacerlo. 

¿Mi objetivo? Podría definirlo en dos palabras: compartir cosas. Específicamente, me gustaría compartir experiencias, opiniones, ideas, la poca o mucha información útil y práctica para la vida real (como cambiar un fusible o realizar tu declaración de impuestos).

Es más que obvio que en cualquier lugar del mundo a lo largo de la historia convertirse en un adulto es más que difícil. Un día despiertas y te das cuenta que debes trabajar para darte el lujo de un plato de comida y un techo donde dormir ya que todo lo demás son gastos extra. Sin embargo, puede ser que en ocasiones te preguntes cómo has llegado a donde estás o si realmente ese es el camino que querías tomar.

En la actualidad, las crisis económicas y globales (como la pandemia generada por Covid-19), la sobrepoblación y el deterioro ambiental, los conflictos entre países y gobiernos, entre otras tantas razones enlistadas infinitamente, pueden hacernos pensar que ser un adulto joven en el siglo XXI se torna una situación bastante complicada. Y sí, yo también me he sentido así: desilusionada, con miedo y en ocasiones frustrada y desesperada.

A veces quisiera regresar a aquellos viejos tiempos a finales de los noventa, donde solo nos importaba ver caricaturas, conquistar las calles con nuestra bicicleta Apache o Benotto, jugar a las "escondidas" o a "las traes", o simplemente reír a carcajadas en compañía de nuestros amigos de la cuadra a quienes hacía un par de horas acabábamos de despedir en la escuela. Donde nuestra mayor preocupación era haber olvidado la cartulina blanca; ¿el mayor miedo? que tus padres vieran el recado por "platicar en clase" en tu cuaderno y la tristeza era eso que sentías los domingos a las 6 de la tarde en casa de tus abuelos cuando aceptabas la idea de que el fin de semana había llegado a su fin.

La mayoría de nosotros los millennials nacimos entre los ochentas y noventas, siendo apenas unos niños o adolescentes ante el cambio de milenio y vivimos un corta pero agradable época dorada donde tuvimos lo mejor de dos mundos: el desarrollo de bastante tecnología para entretenernos, pero no la suficiente para limitar nuestra creatividad a la hora de salir con amigos o divertirnos con nuestros juguetes favoritos.

Sin embargo, esas son las mismas razones por las que somos señalados y juzgados. Por un lado, los más jóvenes se sorprenden de que la mayoría de nosotros crecimos sin WiFi y que nuestro pasatiempo era jugar Snake en el celular de nuestros padres (los que tenían), y por otro, las generaciones previas a la nuestra nos tachan de débiles, inmaduros, narcisistas, libertinos y despreocupados (en su concepto, todos puntos negativos). ¿Porqué somos así? Porque ellos nos criaron así. No me malinterpreten, me refiero a que prácticamente somos la primera generación a la cual les permitieron ser y comportarse como niños. 

Nuestros padres se desenvolvieron en un ambiente totalmente diferente: empezaron a trabajar a corta, edad, algunos siendo apenas unos niños, seguramente nuestros abuelos les imponían mayores responsabilidades y, en la mayoría de los casos, se casaron extremadamente jóvenes ¡algunos apenas cumpliendo los veinte! A los treinta ya tenían auto y casa propios y al menos dos o tres hijos que criar. Mientras que nosotros apenas podemos mantenernos, ya sea solteros o con familia. Y no hablemos de trabajo, porque las probabilidades de un trabajo estable con un sueldo medianamente decente eran altísimas, a diferencia de nosotros que entramos a un campo laboral competitivo (por muy preparado que estés), salarios y prestaciones mínimos e incluso ausencia de un contrato formal o pensión para la vejez.

No pretendo victimizarnos ni mucho menos mostrar resentimiento con mi argumento, pero es la realidad en nuestro país. Sé que muchos de ustedes son exitosos en su profesión u oficio y de verdad, me llena de alegría saber que alguien de mi edad logró una meta, contrajo matrimonio, viajó a Europa o compro su casa. Tampoco es una competencia y sé que quien se lo propone y se esfuerza podrá cumplir lo que se desea aunque le lleve más tiempo y esfuerzo que a otros. No, tampoco me quejo, pues de mi esfuerzo he obtenido frutos y sé que debo ser perseverante para conseguir lo que quiero. 

En conclusión, escribí esto porque en este momento atravieso una pequeña crisis existencial en cuanto a mi profesión, el trabajo y la vida en sí misma. Soy consciente de que hay personas con peores problemas allá afuera (enfermedades, guerras, hambruna) y agradezco la suerte de no encontrarme en tan deplorable situación, pero espero que estas palabras sirvan de aliento para alguien o al menos se sienta comprendido por una desconocida que escribe un blog de madrugada. 

Como dijo alguna vez Sartre: "No perdamos nada de nuestro tiempo, quizá los hubo más bellos, pero este es el nuestro". Nadie tiene la vida perfecta, así que esfuércense cada momento, disfruten incluso los días lluviosos, no se conformen, que el destino, Dios, el universo (o ustedes mismos), lo que sea que crean, les tienen preparado algo extraordinario (Ya sé, soné muy Paulo Coelho. No me juzguen, ¡Jaja!).
 
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